Edmundo Browne V.
Una verdadera conmoción ha provocado la asunción al poder de Donald Trump en la primera potencia del mundo y que tiene a todos amedrentados. Las amenazas de imponer aranceles a diestra y siniestra tienen a los mercados bastante convulsionados y al momento en que se escriben estás líneas, ya estarían rigiendo aranceles para algunos países, así como también a algunos productos específicos.
Lo que se desprende hasta el momento del estilo “Trump”, es que muchas de estas medidas que intentan dificultar el comercio tienen por objetivo obtener concesiones con sus principales socios comerciales. Además, detrás de este impulso proteccionista está el propósito de promover la industria local y presionar para que más empresas cambien sus fábricas a Estados Unidos.
Todos los paradigmas en cuanto a la promoción del libre comercio de los últimos 30 o 40 años se encuentran en entredicho y con una fragilidad que tiene al mundo en ascuas. La Organización Mundial de Comercio (OMC) se ha caracterizado por su mudez ante el vendaval Trump y hasta el momento está naufragando estrepitosamente. La validez, peso específico y prestigio de la OMC se encuentra en una profunda crisis y se rumorea que incluso Estados Unidos podría retirarse de esta organización.
Esta claro que estos afanes proteccionistas podrían costarle muy caro a Trump ya que, de mantenerse el alza de aranceles a la importación, el país del norte podría sufrir una escalada inflacionaria de proporciones, situación que sería lo mas parecido a dispararse en los pies. La inflación, si se llegara a descontrolar, desestabilizaría la economía norteamericana y la popularidad del mandatario estadounidense se vería muy comprometida.
Respecto de los principales afectados, partiendo por China, no se puede descartar que el gobierno asiático, con el poder que tiene, podría paliar la pérdida de competitividad implementando fuertes devaluaciones. El resto del mundo, Europa, sobre todo, se mantiene silente y es probable que todavía no salgan de su asombro ante el huracán de anuncios de Trump. Sin embargo, la comunidad internacional ve a la Unión Europea como la única opción de poder establecer un diálogo consistente que morigere las radicales medidas que se han anunciado.
Para Chile, en un rincón del orbe, un ambiente hostil en el comercio mundial solo puede ocasionar perjuicios para nuestro país. Si bien el cobre debería estar algo protegido por lo esencial que resulta para muchas industrias, hay otros productos que en una ola proteccionista se podrían ver afectados. Es cierto que nuestra balanza comercial con Estados Unidos es equilibrada, sin embargo, Chile es el primer exportador de cobre a EE.UU. y representa el 11% del total del metal rojo que nuestro país exporta. Le sigue Canadá en volumen de cobre exportado a su vecino.
En las últimas horas, el presidente Trump ha ordenado una investigación a las importaciones de cobre, ya que según ha expresado, existirían algunas conductas de “dumping” en el ingreso de cobre a EE.UU. Más que afectar las exportaciones de cobre a Estados Unidos, ya que este país es deficitario en la producción de cobre respecto de su consumo, la amenaza más evidente es que existan presiones para que se disminuyan las exportaciones de cobre a China, que es por lejos el primer mercado para Chile. En esta guerra comercial entre las dos primeras economías del mundo y la lucha por la supremacía tecnológica, nuestro país solo podría enfrentar presiones y perjuicios, ya que en el caso del cobre somos el “jamón del sandwich” en este conflicto. En todo caso, la demanda de cobre está fuertemente asociada a las nuevas tecnologías, electromovilidad, inteligencia artificial y otros desarrollos, en consecuencia, el consumo de este mineral seguirá al alza en el mundo.
Es evidente que en un ambiente en donde varios países se plieguen a poner dificultades al comercio, Chile será un claro perdedor, ya que nuestra dependencia del comercio exterior es absoluta y sin vuelta atrás.
Es de esperar que el ímpetu proteccionista inicial del presidente Trump solo sea una estrategia para negociar y no se consolide como algo permanente, de lo contrario el mundo va a ser cada día mas pobre, pues el daño para los consumidores afectará a todos, partiendo por el mismo Estados Unidos.