OPINIÓN

Edmundo Browne V.

Terminó un año en que, desde el punto de vista del comercio exterior, se volvieron a batir todos los récords en exportaciones, superando nuevamente las cifras del 2024 y llegando casi a los US$ 110.000 millones. La impresionante alza en el precio del cobre explica en forma abrumadora estos excelentes números. El resto de las exportaciones se comportó de manera relativamente estable con un precio del litio deprimido, los embarques de vino con tendencia decreciente y los retornos de divisas de las cerezas no alcanzaron los altos precios de años anteriores. Por su parte, las exportaciones de servicios continuaron al alza y superaron los US$ 3.000 millones, concentrándose fuertemente en servicios de tecnología y datacenters.

Las importaciones, por su parte, se desarrollaron sin grandes variaciones, siendo el factor más relevante el petróleo y sus derivados, productos que sufrieron bajas de entre un 15 y 18%, situación que incidió positivamente en la menor demanda de dólares.

Por las razones anteriores –aunque al momento en que se escriben estas líneas no están los números finales del 2025–, el saldo positivo en la balanza comercial será significativa y podría alcanzar a cerca de los US$ 20 mil millones, excedente que desde todo punto de vista es muy positivo para el país.

Lo más promisorio que se visualiza para este 2026 es el precio del cobre, ya que este podría seguir subiendo y se habla de que el valor del metal rojo podría superar los US$ 6 por libra. De darse estos buenos augurios, el impacto fiscal en la recaudación de impuestos podría superar los cálculos más optimistas. De los productos emergentes, como es el caso de las cerezas, la temporada recién concluida tuvo un sabor amargo, pues los altos volúmenes presionaron el precio a la baja y hubo reparos respecto de la calidad. Esta temporada, en cambio, se espera una menor cantidad de cerezas, pero con mejores calibres y calidad, lo que debería significar mayores retornos.

¿Qué se espera para Aduanas este 2026? lo que está en boga es, sin duda, el tema de la seguridad. Si bien las inversiones en equipamiento para el control por parte de Aduanas del flujo de ingreso y salida de productos del país es una tendencia que viene desde hace ya algún tiempo –de hecho, ya existe en curso la compra de nuevos escáneres para la revisión de mercaderías–, se espera que esto se siga potenciando, pues el tema del narcotráfico, los productos falsificados y otros ilícitos han seguido escalando a niveles preocupantes.

A nivel interno, también se espera que –en lo que respecta a la seguridad en el tráfico hacia y desde los puertos– se hagan nuevos esfuerzos para reducir drásticamente los asaltos de camiones y robos de contenedores. Es urgente abordar el triángulo San Antonio, Valparaíso y Santiago donde los actos delictuales son pan de todos los días. Estos últimos años se han incrementado los ilícitos y los puertos y las carreteras son cada día más inseguras. Una muestra evidente es que, por razones de seguridad, el turno de noche en San Antonio no se encuentra operativo, justamente por los grandes riesgos de actos criminales, todo ello a vista y paciencia de las policías, Fiscalía y la permisividad del sistema judicial.

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