OPINIÓN

Edmundo Browne V.

Agosto es el mes en que nuestro boletín Pulso Aduanero está de aniversario y nos recuerda que ya llevamos 28 años emitiendo un informativo mensual que pretende informar de novedades y contingencias que ocurren en el rubro de comex.  Agradecemos a nuestros suscriptores y al equipo de la Agencia por su apoyo y colaboración. Como hemos señalado en varias ocasiones este informativo se hace solo con recursos internos sin participación de terceros por lo que naturalmente podemos estar expuestos a uno que otro chascarro. Este Boletín, además de informar, tiene como objetivo expresar opinión sobre materias técnicas y coyunturales, ello siempre en un plano de respeto, prudencia y tratando de proponer caminos y soluciones que mejoren la operatividad del comercio exterior.

Si nos remontamos al año 1998 cuando lanzamos la primera edición del Pulso Aduanero, la situación del comercio exterior era sustancialmente distinta y con volúmenes de importación y exportación muy por debajo de los actuales niveles; sin embargo, teníamos un país creciendo a tasas que hoy serían un sueño. El comercio exterior se desarrollaba al amparo de los nuevos acuerdos comerciales, ello en un entorno de una sostenida política de apertura de los mercados externos. El proceso logístico de comex fluía fácilmente y existía una colaboración público-privado que hoy se ve muy distante. Los costos portuarios y de servicios logísticos de las operaciones de comex eran de los más bajos del continente y la eficiencia del proceso portuario eran la envidia de otros países. La incidencia en los gastos logísticos en el puerto de destino era marginal para el importador lo que le permitía obtener costos finales muy competitivos.

Sin duda alguna el decenio que transcurrió hasta el año 1998 fue bajo casi todos los aspectos una época dorada y las operaciones de comex se gestionaban de manera expedita con mucha menos burocracia pública y privada de la que existe hoy en día. Los riesgos de las operaciones aduaneras eran sustantivamente menores y primaba el principio de la buena fe; las amenazas de trafico de drogas, las falsificaciones de productos y el contrabando estaba en un estado incipiente y ni hablar de los robos y asaltos que afectan el entorno portuario, así como en las carreteras, como ocurre hoy en día.

La realidad actual es muy distinta y bastante más adversa y conflictuada, por lo que existe una cierta añoranza de esa época en que primaban las buenas intenciones, tiempo que sin duda quedó marcado a fuego como una de las más prósperas de la historia de nuestro país.

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